LA REPUBLICA
Escribe: Mirko Lauer
Con la campaña de segunda vuelta ha aparecido
el extraño argumento de que Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski son
básicamente la misma cosa. Más extraño aun en el caso de quienes fueron a la
marcha No a Keiko o la apoyaron, en el entendido de que sí hay diferencia entre
dictadura y democracia, o entre extrema derecha y partidos democráticos, y que
la diferencia es importante.
Ahora la misma izquierda de la marcha parece
decidida a borrar esas diferencias, o a minimizarlas al grado de volverlas
inoperativas en lo electoral. Algo similar hizo Gregorio Santos al considerar
más importante defender su espacio que ayudar al resto de la izquierda a
disputar el poder pasando a la segunda vuelta. Lo repite ahora practicando la
pureza ideológica frente a un PPK que quiere visitarlo.
Algo parecido están haciendo quienes
hoy dicen que Keiko y PPK son parte del mismo espectro ideológico (“la
derecha”) y que por lo tanto poco o nada las diferencia. Pero la cuestión en
esta segunda vuelta no es de ideología, sino de regreso del poder de Fujimori o
de reafirmación de la libertad democrática arrancada precisamente contra esa
dictadura.
Esto la izquierda ha empezado a
ignorarlo olímpicamente y en lugar de movilizarse desde el día uno para
derrotar a Fujimori, prefiere retirarse a sus cuarteles de invierno y promete…
ser oposición al fujimorismo. Así la confusión ideológica y la nostalgia del
ultrismo se dan la mano con el derrotismo más silvestre.
De modo que con los votos todavía
calientitos en la ONPE la izquierda empieza a perder lo ganado, que se
concretará cuando grandes cantidades de ciudadanos pasen masivamente al campo
del voto por PPK y la democracia. Pero, por supuesto, la teoría de Keiko-PPK la
misma cosa inclinará las cosas a favor de la primera, y hará más difícil la
lucha contra ella.
El rostro del nuevo poder ya está
apareciendo: la candidata resondrando casi a gritos a Ollanta Humala. Una
congresista electa proponiendo desde ahora la anulación del juicio a Alberto
Fujimori (“Saldrá por la puerta grande”). Como van las cosas, esta izquierda
ansiosa de ser oposición desde antes de la elección va a tener mucho a qué
oponerse.
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